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sábado, 23 de abril de 2011

Capitulo X, Reunión

             Sara y Roberto habían despertado, estaban bien, permanecían sentados dentro del autobús, las ventanas estaban rotas pero era la única protección contra el medio, afuera nevaba, Laura estaba tranquilizando a Sara preguntándole como estaba, Gloria estaba hablando con Roberto, Marcos se sentía aliviado al ver a Sara, estaba allí sentada, triste pero viva, era la visión mas linda que podía ver en aquel lugar, desvió la mirada hacía el exterior y solo vio árboles, Ken y Juan no habían regresado, ya había pasado una hora desde que se fueron a la carretera.

-                          Si no viene nadie, tendremos que ir nosotros a buscar ayuda- dijo Marcos
-                          ¿A dónde piensas ir tu también en medio de la oscuridad?- preguntó Gloria, por el tono de su voz, no le parecía buena idea dejar el autobús.
-                          Ahora tenemos linternas, propongo caminar hasta Ayamonte no debe de estar lejos, vimos el palacio antes del accidente, allí en el pueblo de Ayamonte debería haber seguritas, puede que todos fueran allí pero que por el tiempo que hace no haya llegado nadie a ayudarnos- dedujo Marcos.
-                          Pero Ken y Juan no han regresado, tenemos que esperar a que lleguen para decidir todos, si nos vamos y ellos regresan no sabrán a donde fuimos            -protestó Gloria.
-                          Cada minuto que pasa hace más frío podrían tardar horas en volver, necesitamos cobijo, este autobús no es suficiente.

Marcos ya no sabía como dejar claro que quedarse en el autobús durante horas significaba morir lentamente de frío, afuera nevaba y por desagradable que fuera, posiblemente Ken y Juan, estarían muriendo de frío, faltaba una linterna en el estuche y se preguntaba si Juan se la había llevado, de cualquier forma había que prepararse para caminar un buen tramo hasta Ayamonte, con un poco de suerte todos estarían allí.

-                          Yo me quedo aquí y espero por Ken y Juan- dijo Laura de pronto.

Se hizo el silencio y todos los presentes se quedaron mirando seriamente a Laura que había tomado una extraña decisión.

-                          Aquí no se queda nadie, ¿estas loca?- le reprochó Marcos
-                          ¡No puedes obligarme a que me vaya!- dijo Laura enfurecida.

Era cierto, era todo voluntario, no podía obligar a nadie, pero por alguna razón Marcos sabía porque Laura había tomado esa decisión, Juan era el motivo, lo del hotel era un signo evidente, se negaba a creerlo, pues Laura daba la sensacion de ser la típica chica que solo iba por el físico y por diversión, sin embargo no era del todo cierto, había demostrado ser muy sentimental en diversas ocaciones, algo le decía que se quería quedar porque estaba preocupada por Juan, cuando se enteró que Juan había salido corriendo con Ken a la carretera, se puso de muy mal humor, nerviosa, como si tubiera mucho miedo de perderle.

-                          Muy bien, como quieras, ¿sabes que?, no voy a discutir contigo, quédate con una de las linternas, y espéralos si quieres, cuando te canses de esperarlos camina en línea recta por donde nos iremos, Marcos miró a los demás suspiró y continuó… - supongo que los demás si vienen.

Todos se quedaron callados, y asintieron de mala gana, tampoco les hacía gracia dejar el autobús y mucho menos dejar a Laura sola allí, pero se pusieron en pie, Marcos salió del autobús junto con Roberto y Gloria, Sara abrazó a Laura y las dos estuvieron a punto de llorar, Gloría encendió la linterna y Marcos también, comenzaron a caminar, y sus botas se enterraban en la nieve, poco a poco se alejaban los cuatro, Laura miraba como todos se marchaban y desaparecían en el bosque, luego se dio cuenta, se había quedado completamente sola, tenía miedo, se recostó en el suelo del autobús y maldijo a Marcos por haberla llevado a esa situación.

El grupo ya llevaba caminando veinte minutos por el bosque, Roberto había permanecido en silencio todo el tiempo, Marcos estaba seguro que no tardaría en quejarse pronto, pero si no lo había hecho ya, era porque corría el riesgo de que su lengua acabara congelándose, sonrió para el mismo, y luego se preguntó como podía sonreír en un momento como ese, Sara y Gloria lo estaban pasando mal, a medida que avanzaban hacía menos frío, pero caminar entre la oscuridad aún con la ayuda de las linternas era muy dificultoso para ellas, Marcos no dejaba de mirar atrás, si algo le ocurría a Sara durante el camino, se le rompería el corazon y se achacaría la culpa.

Varios minutos después el pueblo de Ayamonte saltó a la vista, ya solo quedaba cinco minutos para llegar.

                  

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