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martes, 21 de junio de 2011

Capitulo XXI, Lujuria y Orgullo

Atravesaron una habitación y otra mas, las puertas estaban abiertas y parecía que alguien hubiera pasado por allí hace poco, era buena señal, indicaba que iban por buen camino, que posiblemente encontrarían a alguien del grupo.

Juan estaba preocupado, iba por delante David y Laura que caminaban detrás de él, Juan iluminaba por donde quiera que avanzaran, llegaron a un pasillo y lo recorrieron hasta el final, topándose con una escalera que subía al segundo piso, decidieron no abrir ninguna de las puertas del pasillo, solo miraban las habitaciones que ya estaban abiertas y continuaban.

-                          ¿Habéis oído eso?, escuché como pasos, en la escalera -  aseguró David
-                          No me jodas tío – dijo Juan mientras iluminaba la escalera asustado hasta que pudo ver algo, - ¡eso es una linterna!.

Laura y David se sorprendieron del hallazgo, era una linterna como la que Juan llevaba, así que sus compañeros habían estado allí, Laura cogió la linterna y la probó.

-                          No funciona – se lamentó
-                          Puede que se rompiera y la tiraran, los pasos que oímos puede ser de alguien que siguió por las escaleras – dedujo David.
-                          Iré yo que tengo linterna, esperadme aquí, voy a mirar y vuelvo, vosotros quedaos por si veis a alguien en el pasillo – dijo Juan
-                          No creo que sea una buena idea, mejor vamos todos – dijo David
-                          Creo que Juan tiene razón, ten cuidado – se apresuró a decir Laura.

Juan subió las escaleras en silencio para intentar detectar sonidos que lo guiasen y desapareció en pocos segundos, David encendió la luz de su móvil y caminó un poco más por el pasillo hasta detenerse y miró a Laura con el entrecejo fruncido.

-                          No se porque nos pasa esto a nosotros, no deberíamos haber permitido que se fuera solo… - Dijo David en tono triste.

Laura no lo escuchó y dio dos pasos largos hacía él, invadiendo su espacio personal.

-                          ¿Laura?, ¿Qué pasa?

Ésta le agarró del abrigo y lo atrajo hacia ella, le dio un beso, dos, tres, sus lenguas se juntaron y David la separó de pronto.

-                          Laura, ahora no es un buen momento, Juan puede volver – dijo casi sin convicción y sin oponer mucha resistencia.
-                          Entonces démonos prisa – respondió Laura en tono sexual, volviéndolo a besar.

David la apoyó contra la pared. le paso las manos por su cintura y sintió como poco a poco su cuerpo quería más y mas, Laura lo volvió a besar, pero esta vez con mas pasión.

A pesar del frío, se quitaron rápidamente los abrigos, y quedaron desnudos solo por la parte de arriba, David en la penumbra y solo con la ayuda de la luz del móvil la contempló desnuda y le acarició los senos, los besó, la atrajo hacia él, Laura bajó sus manos por los pantalones de David y le desabrochó el cinto, estos bajaron cediendo a David a empezar antes.

Un beso llevó al otro, Laura se dio cuenta que por fin ocurriría lo que ella quería, se dio media vuelta y David le quitó la ropa interior poco a poco mientras le besaba el cuello, Laura sintió algo detrás de sí, rozándole el muslo, algo que deseaba en esos momentos, sonrió y se apoyó en la pared inclinándose hacía delante, David la penetró con suavidad y ella gimió de placer intentado hacer el menos ruido posible, agarrándose de la pared soportó una sacudida y otra y otra mas…

Juan se detuvo luego de avanzar un rato por los pasillos del segundo piso, la linterna parpadeaba y le dio un par de golpes.

-         Vamos no me jodas, puff – miró una vez mas y descubrió que había mas pasillos y mas habitaciones, no era fácil explorarlo solo, - mejor vuelvo y les pido que suban conmigo. – se dio media vuelta y se dirigió a las escaleras de nuevo.

Sintió algo extraño, ruidos lejanos… gemidos, se preocupó entonces de que algo hubiera pasado a David y Laura, bajó las escaleras lo más rápido que pudo.

Al llegar al lugar enfocó con su linterna y vio pegados a la pared a David, rodeaba con sus brazos a Laura que permanecía inclinada hacía delante apoyándose en la pared, la pareja se sorprendió al ser pillados,  Laura sintió vergüenza al ver que Juan la había descubierto, Juan la miró con una tristeza que no pudo ocultar, todo lo que sentía por Laura se convirtió en asco, repugnancia, en cambio a David lo miró con Odio y resentimiento, entonces quiso decir muchas cosas pero su mente había quedado en blanco.

Laura y David se subieron los pantalones rápidamente y se taparon, Juan no podía seguir con ellos, quería perderlos de vista, y echó a correr escaleras arriba, Laura sintió una punzada en el corazón cuando vio como la había mirado, no entendía por qué, pero sintió que había perdido algo importante, comenzó a correr detrás de él y a llamarlo.

Luego de unos segundos de correr por los pasillos del segundo piso, Juan dio un mal paso y el suelo se hundió, la linterna salió disparada a un lado, Juan asustado dejó sus manos libres para agarrarse del saliente y no caer a la oscuridad que había por debajo de él.

Laura vio la linterna encendida en el suelo y a Juan agarrándose al saliente de un agujero, llegó al instante e intentó ayudarle, pocos segundos después llegó David que al ver a Juan en apuros se agachó e intentó agarrarlo.

-         ¡Aguanta!, dame la mano – dijo David desesperado.
-         ¡Juan! - Gritaba Laura mientras intentaba empujar hacía arriba por la manga del abrigo.

Juan miró abajo, era oscuro y posiblemente profundo, miró arriba, vio a Laura y David que alargaban sus brazos para ayudarle a subir y le gritaban que aguantase, que iban a sacarle,  la oscuridad era mayor arriba, se le escapó unas lagrimas mientras utilizaba sus ultimas fuerzas en agarrarse, había muchas cosas por la que vivir, pero en aquel momento su positivismo se perdió definitivamente.

Laura llegó a agarrar su mano, Juan sintió su calidez por ultima vez, se zafó de ella y se soltó por voluntad propia, su orgullo había decidido su destino, entonces Juan cayó y fue tragado por la oscuridad, escuchándose dos segundos después un sonoro golpe y unos chasquidos que les heló la sangre.

Laura se echó las manos a la boca sintió arcadas y estuvo a punto de vomitar, se dio la vuelta y comenzó a llorar desesperadamente, David se quedó en shock, había visto morir a alguien, se preguntó si había sido su culpa.

lunes, 20 de junio de 2011

Capitulo XX, No estas sola

El pasillo interior del palacio donde estaban Marcos y Ken era abierto, no se sentía tan mal, era fácil volver al pórtico siempre y cuando no salieran del pasillo, tener la posibilidad de explorar tanto y tener siempre la  posibilidad de volver sin perderse era una gran ventaja, el balcón interior no parecía seguro así que evitaron acercarse mucho, no se podía ver el fondo incluso con ayuda de la linterna, pero se escuchaba fluir agua, lo que significaba que el famoso río pasaba por allí.

De la profunda oscuridad surgían enormes pilares de madera, que sujetaba el balcón del segundo piso, era tan impresionante que en aquel momento olvidaron momentáneamente porque estaban allí.

-                          Bueno, ¿y ahora? – Preguntó Marcos dirigiéndose a Ken
-                          Creo que no debemos salirnos del pasillo, abramos las puertas miremos y cerrémoslas, si vemos algo, mejor vamos juntos, luego no quiero ir solo por ahí.
-                          Claro, todo irá bien.

Marcos y Ken comenzaron a andar lentamente sin prisas y con mucha precaución abriendo las puertas que daban al pasillo interior, algunas puertas se abrían, otras no, pero tampoco importaba demasiado, el interior de las habitación siempre era lo mismo, muebles antiguos desgastados, polvo, trozos de madera, trozos de metal, camas, e incluso a veces huesos de animales, pero sin rastro de sus compañeros.

-                          Esto es una mierda ¿sabes? – dijo Marcos lamentándose
-                          ¿Por qué lo dices?
-                          Este lugar es enorme, aún no entiendo por qué los compañeros de David se metieron aquí.
-                          Lo que cuenta es que lo hicieron y claro… ahora nos toca buscarlos.

Marcos asintió.

-                          Han pasado muchas cosas raras, te juro que a veces me duele la cabeza al no encontrar explicación. – aseguró Marcos mientras cerraba una de las puertas que acababa de abrir.
-                          Pues yo pienso lo mismo, desde que salí del autobús ya nada me parece normal.
-                          En fin… volvamos, quedan pocos minutos. – dijo marcos y ambos se dieron la vuelta.

De pronto el sonido del agua fue interrumpido por el grito de una mujer que Marcos y Ken reconocieron al instante

-                          ¡¡¡ROBERTO!!!

-                          ¡Esa es la voz de Gloria!- aseguró Marcos
-                          También la escuché, el grito vino del otro lado del pasillo.

Marcos y Ken corrieron lo más rápido que pudieron hasta el final del pasillo, había unas escaleras de tan solo cinco peldaños que bajaban, las saltaron y continuaron corriendo hasta lo que parecía ser un balcón, estaban al otro lado del palacio, allí escucharon a una mujer llorar, el haz de la linterna alcanzó a una figura que permanecía sentada en el suelo.

-                          ¡Gloria! – dijo Marcos que se acercó corriendo
-                          ¿Marcos? – preguntó asustada Gloria.
-                          Si, soy yo, no estas sola ¿vale? ¿estás bien?
-                          ¿Dónde está Sara? ¿no estaba contigo?

Marcos desvió la mirada y no le respondió, Gloría no pudo decir nada más y rompió a llorar abrazándose a Marcos con mucha fuerza, Marcos se ruborizó y intentó tranquilizarla, Ken miró el resto del lugar y no vio a nadie mas, sonrió y pensó que por fin ya habían encontrado a alguien.

Cuando se tranquilizó un poco se puso en pie, sus ojos estaban rojos por llorar tanto, estaba destrozada, volvió a abrazarla, entonces mientras la abrazaba vio una luz bajo el canto de una puerta.

-                          Ken… Gloria está muy asustada, utiliza la luz de tu móvil y llévala hasta el pórtico, sigue por el pasillo, no tiene perdida.
-                          Espera, ¿tu que vas a hacer? – preguntó Ken preocupado
-                          He visto algo, miro y en cinco minutos estoy en el pórtico
-                          ¡Y una mierda!, ¿no quedamos en no tener que separarnos?
-                          Lo sé, pero no podemos llevar a Gloria con nosotros, entraré por esa puerta, nada mas – dijo señalando con el dedo dicha puerta.
-                          Escúchame bien Marcos, si no vuelves en cinco minutos, volveré aquí, y te daré un buen puñetazo por obligarme a buscarte.
-                          Jejeje claro – finalizó Marcos sonriendo.

Ken se marchó con Gloría al pasillo interior, Marcos estaba solo, suspiró, dio varios pasos hasta la única puerta del lugar y la abrió, hallando unas enormes escaleras que bajaban a lo que parecía ser el sótano, comenzó a bajar las escaleras hasta el final del todo, a medida que bajaba sentía algo extraño, el aire era cada vez mas espeso, sintió muchas presencias, como si hubiera cientos de personas con él, la sensación de no estar solo.

Al llegar abajo había varias habitaciones a la derecha, en frente había un camino que parecía bifurcarse otro camino a la izquierda, había visto suficiente, no quería adentrarse más.

-                          ¿Marcos? – dijo una voz femenina que conocía a la perfección, la cara de Marcos se iluminó por la luz de una linterna y Marcos se cubrió los ojos.

Allí estaba Sara que corrió  y sonriendo se lanzó ,abrazandose a Marcos, éste se cayó en el suelo y Sara se puso justo encima de él en una postura comprometedora, le acarició la cara y Marcos pudo sentir su calor corporal y su aliento cuando acercó sus labios a los suyos.

-                          Me alegro mucho de verte Marcos, tenía miedo estando sola.

Capitulo XIX, Muerte inesperada


 Gloria miraba el cielo oscuro desde el puente oeste del Palacio, estaba allí sentada sin decir ni una sola palabra, el puente estaba roto y lo que parecía ser una salida no lo era, llegar al otro lado era imposible, miró su pequeño reloj de pulsera y frunció el entrecejo, sonrió, se quitó el reloj y lo lanzó a un lado.

Roberto estaba de pie detrás de ella y continuaba con su linterna encendida, lamentándose una y otra vez por el puente roto, no miraba abajo, confesó tener pánico a las alturas, tenían que seguir buscando una salida, pero tenían miedo que ocurriera algo como lo que habían experimentado, una voz que les llamaba, una voz que gritaba frenéticamente y posteriormente el silencio.

-                          No se que era, pero… quizás aquella voz estaba siendo filtrada hasta la celda – dijo Roberto intentando animarla.
-                          Roberto, estoy segura que había alguien allí.

Roberto no dijo nada más, echó una mirada a la fachada oeste y se dio cuenta que no veía ninguna esquina, era un edificio enorme, perderse dentro era tarea fácil y entonces se dio cuenta que no era tan extraño que sus compañeros se perdieran allí.

-                          Quiero salir de este lugar ¡ya! – gritó Gloria mientras se levantaba
-                          ¡Ya basta! – dijo Roberto nervioso, se giró y miró a Gloria enfadado – Estamos pedidos ¿lo entiendes?.
-                          Si la voz provenía de otro lugar no lo sé, pero a ese chico le pasó algo ¿vale?, si nos quedamos aquí…
-                          ¡Vale, vale!, escucha…solo tenemos que seguir los pasillos hasta dar la vuelta al edificio, nada de abrir puertas ni seguir ruidos extraños a menos que sea necesario, así no nos desviamos del camino –dijo Roberto

Tras unos segundos de reflección Gloría accedió, no podían separarse, tenían que continuar por los pasillos hasta hallar otra salida, unos pocos pasos les bastaron para alejarse del frío y adentrarse de nuevo en el oscuro y siniestro edificio, llegando a la intercepción de las celdas, giraron a la izquierda para seguir caminando hasta el final de aquel pasillo.

-                          Roberto… ¿tienes reloj?

Roberto miró a Gloria extrañado, la había visto tirar su reloj en el puente y ahora le preguntaba la hora, pensó que quizás su reloj se había roto y lo había tirado.

-                          Si, son las 8:40, pero es hora Canaria
-                          Es raro que no haya amanecido todavía – dijo intencionadamente para saber la opinión de Roberto.
-                          Ahora que lo dices… pues si que es raro, no me había dado cuenta.

El silencio del pasillo era interrumpido por los pasos y crujidos de ambos que a veces parecía oírse como si hubiera mas personas caminando junto a ellos, ruidos inesperados que acordaron no dar importancia para poder continuar adelante sin mirar atrás, hasta que por fin llegaron al final del pasillo, Gloria se dio cuenta que ese lado del pasillo era prácticamente igual que el otro lado por donde habían llegado.

Habían dos puertas, una a la izquierda que se negaba a abrirse y otra a la derecha que se abrió fácilmente, era una habitación grande, había muchas mesas grandes y troncos recordados de árboles, puede que en el pasado fuera un comedor, justo en frente había dos puertas mas, la puerta de la izquierda la abrió Gloria, era una pequeña habitación cerrada, llena de huesos que parecían ser de animales, la cerró al instante cuando le empezó a dar asco.

Roberto abrió la puerta de la derecha, entonces se quedó mirando mas allá de la puerta, sin moverse y se formó una sonrisa en su boca, Gloría miró a Roberto y se preguntó que había detrás de esa puerta.

-                          Roberto, ¿que pasa? – preguntó con mucha curiosidad mientras rodeaba las mesas para llegar hasta él.
-                          Jajaja Bea esta aqui, ¡vamos corre!
-                          ¿¡Cómo!?

Roberto salió corriendo llevando la linterna y dejando atrás a Gloria.

-                          ¡¡Espera Roberto!! – gritó Gloria mientras saltaba como podía por encima de las mesas polvorientas.

Una de las mesas se rompió, debido a lo podrida que estaba la madera, no pudo aguantar el peso de Gloria, que inmediatamente se levantó y corrió hasta la puerta casi a tientas en la oscuridad, al abrir la puerta pudo distinguir a unos pocos metros una luz de linterna, siguió hasta un enorme espacio abierto y un balcón, allí estaba Roberto que estaba celebrando haber encontrado la salida, sin embargo Gloría no la veía y tampoco veía a nadie.

De pronto para sorpresa de Gloría, Roberto se giró a su lado donde no había nadie y habló.

-                          ¿En serio?, menos mal, vale… vale, démonos prisa. – respondía Roberto a la nada
-                          ¿Roberto que estas haciendo? – preguntó Gloría asustada

Roberto empezó a correr en dirección al balcón y miró a Gloría mientras le dijo sus ultimas palabras.

-                          Vamos Gloria, dice Bea que los demás están al otro lado de este puente, ¡date prisa!

Roberto se acercó a pasos agigantados al balcón, donde no había nada aparte de un enorme precipicio y sin intención de detenerse como si de verdad hubiera un puente allí cayó a la oscuridad.

Gloría corrió para intentar sujetarle, pero en vano, pues presenció como se había vuelto loco y se había precipitado por el balcón suicidándose.

-                          Ahahahaaaaaaaaaaa – gritó desesperado Roberto mientras caía a la nada.
-                          ¡¡¡ROBERTO!!! – Grito Gloría con todas sus fuerzas en medio de la oscuridad de aquel balcón maldito.

miércoles, 1 de junio de 2011

Capitulo XVIII, Noche eterna


Habían pasado varias horas, había seguido nevando todo el tiempo, Ken permanecía en silencio apoyado en el pórtico y miraba a los demás con indiferencia, pero a la vez se mostraba nervioso, llevaban más de dos horas en la intemperie, esperando a que amaneciera, pero aún no lo había hecho y el cielo permanecía igual de oscuro que desde la primera vez que lo vieron.

Laura y David hablaban en voz baja sentados en el suelo y reían entre dientes, la conversación había empezado por el accidente y luego a medida que avanzaba iba encaminada a hablar de los demás, y de qué estarían haciendo, ya por último que harían ellos cuando les rescatasen, Juan que estaba al otro lado los observaba y desviaba la vista de inmediato, se odiaba a si mismo por no ser capaz aún de olvidarla, no podía evitarlo.

Marcos caminaba como un soldado ingles, patrullando, iba de un lado a otro y volvía  a empezar repitiendo el ciclo mas de cincuenta veces hasta el punto de ser objetivo de la vista de los demás, que le pedían que se tranquilizase, Marcos miró su reloj y entonces ya no pudo más.

-                          ¡Joder!, llevamos dos putas horas sentados aquí sin mover un dedo mientras los demás andan desaparecidos ahí dentro, ¿a que coño estamos esperando? – alcanzó por fin a decir Marcos muy enfadado.

Laura, David y Juan se sorprendieron de la conducta de Marcos, porque jamás le habían visto tan nervioso, mientras tanto Ken solo miraba, a él no le parecía extraña su conducta, mas bien estaba esperando que alguien lo dijera por él.

-                          Tranquilo Marcos, por favor, estamos esperando a que amanezca – dijo Laura que se levantó al mismo tiempo que David para intentar tranquilizar a Marcos.
-                          ¡No he cambiado la hora de mi reloj, por lo que tengo hora canaria!, pone que son las 08:30, - dijo mientras señalaba su reloj y luego miró a Laura - aquí deben de ser las 09:30, debería haber amanecido hace rato, y mientras esperamos, a saber que está pasando con Sara y los demás – respondió Marcos que ya no estaba dispuesto a esperar ni un minuto mas.

Marcos tenía razón, no había amanecido y era lo mas raro que había visto, pero sus ganas de entrar en el palacio era porque estaba preocupado por Sara, Laura se dio cuenta en cuanto la nombró y eso la hizo callar, entonces mientras Marcos esperaba que les siguieran Ken habló y solucionó todo.

-                          ¡Esto es un mierda!, estoy cansado de no hacer nada, busquemos a los demás ya, cuanto antes les encontremos, antes nos vamos, si queréis quedaros aquí, me da igual, yo entro con Marcos. – dijo Ken muy seguro de si mismo.

Marcos se sintió aliviado, Juan se levantó y empezó a caminar deteniéndose a la altura de Ken, era señal de que iba con ellos, Laura se quedó mirando a David y entonces todos decidieron entrar por fin.

Una vez en el Hall había tres caminos, una puerta a la izquierda que estaba tapiada con tablas de madera por lo que era imposible entrar, un pasillo recto y una puerta media abierta a la derecha, el grupo decidió dividirse y explorar, volviendo en una hora.

Ken y Marcos irían por el pasillo del medio, Juan, David y Laura por la puerta media abierta de la derecha, inmediatamente después de hablar y ponerse de acuerdo partieron alejándose del Hall.

Juan, David y Laura pasaron con cuidado la puerta de la derecha, sus pasos y sus murmullos desaparecieron a medida que pasaban los segundos, Ken y Marcos avanzaron por el pasillo, un pasillo largo que les llevaba directamente a la parte central del palacio.

A medida que se acercaban escuchaban el sonido inconfundible del agua, de pronto la luz de la luna se posó sobre ellos, habían llegado al pasillo central del palacio, y se podía observar todo el patio interior del palacio incluso sin la luz de la linterna que en ese momento debido a la inmensidad del lugar era como una cerilla.

Ken se quedó con la boca abierta y cuando Marcos quiso darse cuenta él también se había quedado igual.

- Dios mío… este lugar es… ¡increíblemente enorme!