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lunes, 4 de julio de 2011

Capitulo XXII, Aliado inesperado

No podía levantarse, aún estaba sorprendido de verla en aquel lugar, Sara estaba encima de él, a penas podía verla bien, la linterna había caído al suelo y apuntaba a los túneles, un hilo de luz llegaba hasta ellos, no podía distinguir del todo sus rasgos, sus labios estaba muy cerca, sus cabellos le hacían cosquillas en las mejillas.

-         Por favor, no te levantes… quedémonos así un rato mas, quiero estar contigo – dijo Sara en tono suave.
-         Me alegro que estés bien… pero este no es un buen lugar, volvamos con los demás.
-         ¡No!, ¡no te vayas!... tengo miedo, quédate aquí conmigo, por favor.
-         Sara… ¿Qué está pasando?

Marcos sintió como Sara se hacía mas pesada y como bloqueaba sus movimientos, miró la linterna e intentó alcanzarla, con la yema de los dedos, tocó la linterna y la atrajo así hacía él, cogió finalmente la linterna y en ese momento se detuvo en seco cuando escuchó a Sara.

-         Bésame…
-         Oye… ¿que te pasa? – Marcos no podía creer lo que tanto tiempo esperaba escuchar.
-         Solo quiero estar contigo, si te quedas conmigo ahora, puedes hacerme lo que quieras… - le sugirió en un tono erótico susurrándole en la oreja.
-         Sara… me gustas mucho… yo… no quiero hacerte daño ¿entiendes?, no es tan fácil, quiero conocerte mejor, yo te quiero.
-         Uhg uuhg… - Sara empezó a quejarse…

Sara se quejaba de pronto de un dolor en el pecho, liberando a Marcos parcialmente, estaba muy preocupado por ella quizás estaba herida, tenía que ver que pasaba realmente, apuntó con la linterna a Sara para descubrir el origen de su dolor, pero entonces ella se tapó la cara huyendo de la luz.

-         ¡Maldito! ¡Aparta la luz! – dijo Sara desesperada mientras se ponía en pie y se alejaba unos pasos.
-         Sara, lo siento, te dije algo que no debía, no te enfades, olvídalo. – Marcos se incorporó.
-         Tenías que decirlo… no te preocupes… ¡te enviaré con ella!

Sara se quitó las manos de la cara y Marcos quedó en shock, no tenía ojos, de los huecos emanaba sangre de pronto, recorriendo por sus mejillas, hasta su mandíbula, un escalofrío le recorrió por todo el cuerpo al ver aquella escena, el aire se volvió espeso de pronto, le costaba respirar, Sara sonreía al ver a Marcos asustado, miró las escaleras y le pareció un espacio gigantesco, Sara estaba a solo unos metros, se lanzó a por él, con una ferocidad inexplicable estuvo a punto de derribar a Marcos, pero fue rápido y la golpeó con la culata de la linterna, cayendo Sara al suelo.

Marcos se dirigió lo mas rápido que pudo a las escaleras y las subió a una velocidad que ni él creía posible, a medida que subía las escaleras la luz que emanaba su linterna bailaba frenéticamente de un lado a otro, al llegar al final, se arrojó sobre la puerta e intentó abrir el picaporte, para su desesperación la puerta no cedió.

-         No, no, no, ¡ábrete joder! – gritaba desesperado mientras golpeaba la puerta e intentaba abrirla.

PUM… PUM… PUM… PUM

Algo subía las escaleras, algo muy grande, cada segundo se escuchaba un paso, Marcos tenía miedo de darse la vuelta e iluminar, intentó derribar la puerta usando su cuerpo y al no poder comenzó a pedir ayuda.

-         ¡¡¡Ken!!!, ¡¡¡Keeeennn!!!, ¡¡que alguien me ayude!!

Los pasos parecían muy cerca y se detuvieron, Marcos podía sentir un aliento frío en la nuca, apoyado en la puerta cerró los ojos y deseó que todo acabara, que no era real, que no podía estar pasando, justo en ese momento la puerta se abrió y Marcos que se apoyaba en la puerta cayó hacía delante, la puerta se cerró de nuevo a sus espaldas con un sonoro golpe, Marcos se dio la vuelta cogió la linterna y apuntó a la puerta.

Alguien la estaba manteniendo cerrada, mientras algo la golpeaba fuertemente desde el otro lado, era una persona poca corpulenta con ropas muy antiguas, eran mas bien harapos, utilizando su cuerpo mantenía la puerta sellada, tenía una marca horrorosa en el cuello, entonces Marcos pudo distinguir su cara con la luz, otra vez la misma cara, unos huecos donde antes habían ojos, la sangre seca de su rostro le daba una imagen apocalíptica típica de una película de zombies.

Pronto se dio cuenta que tenía vía libre a la salvación, se puso en pie de un solo impulso y corrió hasta el pasillo central, dejando atrás aquella cosa que le había salvado la vida, al llegar, escuchó un duro golpe tras de sí, pensó en la puerta, se había abierto.

Jadeaba, el aire era espeso de nuevo, sus parpados no le respondían, caían incitándole a un dulce sueño, del que sabía no volvería a despertar, el agua no se escuchaba en su lugar cientos y cientos de gritos histéricos, como pidiendo ayuda, gritos y gemidos de sufrimiento se escuchaban de cerca, pasos y sonidos de metales, provenían de todas partes, quería que se acabaran y continuó corriendo sin mirar atrás.

Al llegar al pasillo que lleva al pórtico sintió que sus amigos estaban cerca y vio el pórtico como un refugio seguro, sin embargo en ese momento sintió más que nunca un escalofrío por todo el cuerpo, como si algo perverso y lleno de odio, estuviera a punto de alcanzarlo.

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